Tenía esa maldita costumbre de ahogar luciérnagas... Un desprecio inadmisible hacia aquellos insectos que pasaran por símbolos remotos de hermosura y deseos dulces, con excepción quizás de las abejas a quienes rescataba por su actitud guerrera. La miel era una feliz casualidad, solo eso.
A las mariposas, pensaba, les arrancaría las alas de a una hasta que dejaran de revolotear en el estómago.
jueves, 4 de julio de 2013
domingo, 9 de junio de 2013
Karuna
Primero fue una energía aplastantedel anestesiar y aplicar a fondo
la cirujía etérica de la transmutación.
El aire consumido por el fuego.
Y después esa otra sensación de empuje
(¿arrasadora?).
El dedo medio asumiendo la unidad
en mudra receptivo,
hasta anular la percepción de los demás.
Allí descansaban, sin embargo, entrelazados.
En aparente ausencia.
El domingo transcurriría inusual,
atravesando los diversos estadíos
del ánimo en vías de purificación.
Eso de limpiar
hasta los cuartos ocultos del templo.
Ocultos y olvidados.
Entonces la segunda sintonización
tuvo algo de lluvia suave en la cara
frescura de primeros retoños.
La sonrisa me hubiera seguido,
las mariposas...
Bifurcación decisiva,
elegí continuar el sendero del sistema avanzado
y asimilar a su tiempo y estirar los límites...
Veintitantos símbolos se transmitieron
en un fluir inteligente que trazaba pequeños círculos
viendo dónde se instalarían.
Lo infinito presionaba a lo finito,
las manos buscando su mantra tres veces.
Recibí y dediqué una bendición.
Sabrá el universo por qué fue tu nombre
el que acudió en ese momento.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Un nuevo viaje
Es extraño cómo se encastran en un sueño los cuadros de una llamada telefónica. Mamá estaba preocupada porque sus chicos de nuevo querían agarrar la mochila, patear mundo. Los perdía de nuevo y le habían prometido que no volvería a suceder. Entonces recurría a ellas, a los dos pilares de los otros dos. Se suponía que tenían la capacidad de retenerlos, aunque no alcanzaba a sospechar que uno estaba perdido para siempre y era el que urdía toda esa trama donde no eran cuatro (apenas tres + uno). De no ser por el nombre que lo identificaba en su calidad fantasmagórica, el sueño hubiera seguido la dirección concebida por M. Sin embargo, alguien lo nombró y no importaba que se hiciera el desentendido. Ella (el elemento "uno" que se reconocía fuera de la tríada) se repetía: "Pero si vos estás muerto, vos estás muerto". Y no solo eso, sino que se negaba a seguir soñando el sueño de otro:
-A mí él ya no me importa, M.
lunes, 13 de mayo de 2013
Empecinarte en las señales, puede traer a riesgo descifrar el mensaje.
Siempre la primera luz es como un latigazo, el exceso también ciega.
El vacío abierto de un zarpazo en pleno vientre.
A veces la timidez se traduce en un desinterés que ni pretende ser ofensivo.
Y lo doloroso es eso: no pretender ser nada.
Siempre la primera luz es como un latigazo, el exceso también ciega.
El vacío abierto de un zarpazo en pleno vientre.
A veces la timidez se traduce en un desinterés que ni pretende ser ofensivo.
Y lo doloroso es eso: no pretender ser nada.
sábado, 11 de mayo de 2013
Lobo solitario
Y después de cuánto tiempo venía a descubrirlo, que ya se habían visto en un pasado lejano, cuando lo áspero de la personalidad y un algo lobuno apenas le dejara la promesa de unos ojos grabados en la memoria. A menudo le sucedía, eso de percibir a primera vista aquellas casualidades que mutarían en afinidad indiscutible.
Aquel caso había sido la materia pendiente, el aparente nunca más, el preguntarse qué habría pasado si le hubiera dicho alguna palabra cálida o el lobo se hubiera atrevido a decir aquella verdad que le saltaba en la mirada cuando pareció volverse desde la puerta del local. Ni una cosa ni la otra. Se había detenido dos segundos con toda su rusticidad a tocar la caja peruana como al pasar, mientras ella buscaba con manos temblorosas las llaves que una amiga les había dejado en la tienda.
El que hablaba era el otro, el que sonreía y parecía exigir algún signo de domesticación al lobo, que seguía haciendo lo suyo como si no pasara de ser una sombra. Después fue el leve movimiento de mentón, como si le dijera que levantara campamento y ya volvieran a su casa (ahora que podían entrar). Fue cuando se volvió desde la puerta, con toda la intensidad de lo no dicho y la mordaza que no podría quitarse.
Lo mismo que el abrazo de final de segunda temporada, el dejar la cosa al azar de un próximo encuentro que no vendría y confesarse a sí misma que lo había reconocido por la franqueza de la mirada, aunque ya no acostumbrara aullarle a la oscuridad.
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